viernes, 18 de agosto de 2017

Insólito capote

Por Jose Morente

Ponce torea con el capote a Jaraiz el toro indultado de Juan Pedro Domecq, en las postrimerías de la faena de muleta (Foto: Toros del Mediterráneo)
El capote tiene papel protagonista en los dos primeros tercios. En el último, es la muleta la que asume el rol principal y es que, como dice Raúl Galindo, para que se produzca toreo con el capote:
"es condición sine qua non la inercia en la arrancada. No se puede enganchar y pulsear con el capote si entendemos por enganchar lo mismo que provocar el movimiento de un toro parado, es decir prenderlo cuando está quieto, y por pulsear lo mismo que tirar del toro durante todo el recorrido del lance"
No se puede, como dice Raúl Galindo o, mejor, sería decir que no se podía, porque no hay regla sin excepción y la excepción se llama Enrique Ponce. 

De la épica a la estética

Por Clarito

Final de la tarde de ayer. Apoteósica vuelta al ruedo de los protagonistas del espectaculo Crisol (Foto: Alex Zea-La Opinión de Málaga)

Medio recuperado de la impactante tarde de toreo puro y fundamental de Saúl Jiménez Fortes y, mientras el torero convalece de su cogida, nos topamos con el espectáculo Crisol, pasando -como me decía Jose Morente- sin solución de continuidad, sin cámara de descompresión, de la épica a la estética, del toreo seco, valiente y entregado de Saúl al toreo elegante y estético de Enrique Ponce. De la verdad desnuda del toreo al toreo en envoltorio de lujo. Del drama al espéctaculo. Demasiadas emociones para vividas sólo en veinticuatro horas.

La de antesdeayer quedará en el recuerdo de muy pocos pues la plaza estaba casi vacía. Muy pocos aficionados que, además en su mayoría, no quisieron o no supieron -ellos sabrán- valorar lo que Jiménez Fortes les estaba regalando. La plaza de la Malagueta, su público, su banda de música, su presidenta se mostraron toda la tarde secos, duros, ariscos y exigentes sin justificación con el torero malagueño. Como dijo, con total acierto una voz del tendido: ¡Fortes en tu pueblo no te quieren

La airada reacción de los espectadores ante ese grito prueba que el vociferante puso el dedo en la llaga pues constataba dos hechos. Primero, el desapego de la plaza, el público, la banda y la presidenta hacia el torero de la tierra y, segundo, la falta de categoría de esta plaza. Y es que, las categorías no se adquieren por imposición administrativa sino demostrando la plaza, el público, la banda y la presidenta- rigor, conocimiento y sensibilidad hacia el buen toreo. No los hubo.

Una tarde pues de sensaciones contrapuestas entre la emoción de lo que hizo Fortes en el ruedo y la tristeza que produce la escasa respuesta que obtiene quien -como él- clama en el desierto. Fortes fue profeta de un mensaje no atendido ni entendido. Nadie es profeta en su tierra.

Espectáculo Crisol

Al día siguiente, cambio total de decoración. De la plaza casi vacía a la plaza casi llena. De la sequedad del que espera atento el menor fallo a la actitud amable del que acude ilusionado esperando el milagro. Y el milagro, llegó.

No voy a contar la corrida. No voy a entrar en analizar ni valorar faenas, indultos y demás historias. Ahí está para quien quiera verla pues se retransmitía por televisión. Baste decir que fue algo diferente, algo más, que una corrida de toros. La superposición de toros y música añade un plus al espectáculo. Un espectáculo que, hoy por hoy, sestea anclado en el pasado. No sé, no puedo saber pues no soy adivino, si esta es la solución a algunos de los graves problemas que arrastra la fiesta. Personalmente, pienso que no pues el espectáculo de ayer magnífico como tal espéctaculo se me antoja excepcional, único y difícilmente repetible. Por otro lado,  las causas de los problemas de la fiesta son estructurales, del propio sistema. Pero lo que tengo claro, es que el formato tradicional está caduco pues no sabemos venderlo y cada vez interesa menos a menos gente. 

El toreo necesita urgentemente una puesta en escena diferente que acentúe sus valores estéticos y culturales, aquellos más cercanos a la sensibilidad de los públicos actuales, sin renunciar por ello a su riesgo y emoción, a sus valores éticos más profundos. Globalizar e imponer el modelo francés -tan querido por algunos- podrá valer para Francia y el norte de España, donde siempre se ha estimado más la lucha que el arte pero no es la solución perfecta. Lo que la gente quiere, con lo que vibra -de Despeñaperros para abajo, al menos- es con el buen toreo. Toreo, no trabajo ni pelea o lucha. Eso se vió ayer.

La música puede subrayar los aspectos amables de la corrida pero sobre todo puede atraer un público nuevo a los tendidos. Algo totalmente necesario. Necesario lo de atraer un público nuevo, no la música. Y es que, lo llevamos diciendo hace mucho tiempo, la fiesta necesita el calor del público. Toro y torero en el ruedo necesitan, como agua de mayo, espectadores en los tendidos que se emocionen aplaudan o protesten. Sin público en los tendidos, el espectáculo -magnífico- no tiene ningún sentido. Y digo público y no aficionados porque los aficionados además de caber en un autobús se muestran en general -al contrario que los públicos- excesivamente secos, duros, ariscos y exigentes hasta la exageración. Sin sensibilidad. 

A la fiesta la salvará, si la salvan, los públicos amables, pródigos y generosos, no los aficionados que la estamos dejando morir poco a poco. O ayudando a morir, lo que también tiene pecado. Lo que hicimos el jueves con Saúl fue de juzgado de guardia. Y sólo había aficionados en la plaza.

Lo de ayer, la actitud de los espectadores ante el espectáculo Crisol de Enrique Ponce y Javier Conde, fue, por el contrario, una bendición.

jueves, 17 de agosto de 2017

El toreo se llama Fortes

Por Paco Carmona

Fortes. Natural de ensueño al toro de Victorino (Fotografía: Arjona)
Nota de LRI: Clarito impactado por el excepcional toreo de Saúl Jiménez Fortes en la Malagueta, nos dice que no es capaz -por ahora- de escribir sobre la corrida de ayer. Suerte que Paco Carmona también estaba por allí


Camino de Almería. 17 de agosto de 2017. 11:30 P.M. 

Voy saliendo de Málaga y el GPS me marca como hora de llegada las 2:15. Ando intentando resolver la manera de contar a todo el mundo la dimensión de torero tan enorme que ha dado Saúl Jiménez Fortes esta tarde en la Malagueta. A ver a quién le puedo contar que este torero no solo  ha debido salir a hombros con cuatro o cinco orejas, sino que además ha toreado como muy pocas veces he visto torear en mi vida. 

Gran toreo de muleta pero también con el capote. Lidiando o con lucimiento, Fortes ha dado una dimensión extraordinaria toda la tarde (Fotografía: Toros del Mediterráneo)
Llegué a Málaga, como otras veces, de la mano de mi amigo José Morente, al que agradezco no solo su invitación sino su cariño y el que me demuestran sus amigos, como el gran Juan Manuel Pozo, un personaje que bien merece un capítulo aparte. Paseamos por la bella y renovada ciudad, charlamos de toros, palpamos su Feria de día y comimos por el centro. Y después, por fin, pudimos darnos un abrazo con Javier Hernández y su familia. Más tarde, en los toros, también abracé a mi querido amigo y compañero Alberto Guzmán, me quedé con las ganas de besar a Mónica P. Alaejos y pude mirar de frente a esa mujer tan especial como es Mari Fortes, acompañada de su hija Verónica, a quien hacía años que no veía y que ha heredado esa mirada sincera de ojos verdes y sonrisa delicada. 

Me pasó una cosa curiosa a mitad de la corrida. Después del toro de Victorino, me invadió una especie de tristeza y de pena, porque entendí que se estaba cometiendo una gran injusticia, y que lo que allí estaba sucediendo no se iba a trasladar al exterior, y mucho menos a todas aquellas personas que no habían asistido a la corrida en directo.  Pensé que aquello no iba a tener la trascendencia que merecía y que la tarde, para mí histórica por cómo había toreado Saúl, no iba a verse recompensada en el futuro. 

Apuesta desde el principio. Desde el principio hasta el final de la corrida (Fotografía: Toros del Mediterráneo)
Me consoló poder decirle a su madre, que esa forma de torear debería tener premio, que debía ser obligación de todos los aficionados recompensar, al menos con orejas, esa forma tan pura, tan distinta, tan original y tan única de torear. Éramos pocos en la plaza, sí, pero teníamos que haber hecho algo para que aquella manera tan brutal de torear, esa infinita entrega, se hubiera visto recompensada.

 La infinita entrega de un gran torero (Fotografía: Toros del Mediterráneo)

Me recordó tanto a José Tomás, que me atrevo a decir que que no hay nadie en el escalafón que toree de  esa forma. Era la tarde ideal para quitar etiquetas, para borrar de una vez por todas ese cliché en el que se encasilló a este torero, un cliché que poca gente ha sabido ver que ya no es real pues su evolución ha sido total y constante.

Me recordó tanto a José Tomás... (Fotografía: Toros del Mediterráneo)
Más allá de analizar toro por toro, regreso a la costa almeriense acordándome de muchos momentos únicos, momentos que por toreo y por verdad se me han quedado grabados para siempre. Su forma de colocarse, su manera de enganchar, su torería, su rectitud ante el toro, y ante la vida, sus nuevas pausas, sus tiempos, esa forma de colocar el engaño, su manera de tirar de los toros, su pecho, su cintura, su compás. Ese ritmo interior que da el valor puro. La plomada. Sus cites. Ser profundo siendo vertical. En definitiva calidad, mucha calidad.

Fortes. La confianza en el mando del brazo que torea (Foto: Arjona)

Todas estas cualidades, no solo se han visto en la faena cumbre que ha realizado al gran toro de Victorino, sino que lo ha podido llevar a cabo prácticamente en todos los toros por momentos. Se le ha visto despejado, resolutivo, capaz de quitarse y ponerse sin pirarse, capaz de dar a cada toro lo que pedía sin salirse de sus formas, sin un guión establecido pero con una línea muy recta a seguir. 

Fortes es un torero único, lo ha sido siempre, pero ahora es mejor que nunca.

Esa vida que se le escapaba a borbotones hace un par de años, ahora se la bebe  más ajustada y más a gusto que nunca.

Fortes. Colocación perfecta entre muletazo y muletazo(Foto: Arjona)

Cómo ha toreado en muchos momentos, su admirable compostura, su nuevo capote, enganchando por delante, sin cambiarlos, sus tandas de naturales, un tremendo inicio de rodillas, los pases de pecho, uno de frente a pies juntos, como se ha dormido en cada muletazo, como se ha ido detrás de cada muletazo, qué forma de asentarse, de encajar los riñones, de ajustar el toro a su cuerpo.  Qué despacio Dios mío, qué despacio. Y ahí está Victorino para preguntar de qué manera a toreado el suyo. 

También cuajó un buen toro de calidad a menos, que fue el bonito segundo de La Palmosilla. Perfecto, un lujo de faena desde que se abrió de capa.

Al último toro, un camión de sobrero del Ventorrillo, sustituto de un buen toro de Borja Domecq que fue devuelto porque se partió un pitón, le hizo cosas increíbles, de consentirle, de esperarle y de gran valor. 

Excelente natural a un toro del Ventorrillo que embestía con la cara alta (Foto: Arjona)

Y encima, me entero que al final sí llevaba una cornada de 15 cms, operado en la Plaza sin anestesia y volver como si nada a matar los toros restantes.

La entrega total matando (Foto: Arjona)

Y después de todo esto qué, cuál es la lectura oficial que le llega a la gente: dos orejas. Una y una, dirán algunos ¡Qué pena!

¡Que mentira! ¡Que gran mentira! Espero y deseo que trascienda, a través del tiempo, de los vídeos y de las nuevas tecnologías, una tarde en la que, en muchos momentos se pararon los relojes viendo torear a uno de los nombres que mejor hacen el toreo, con mayúsculas, de la actualidad. 

No lo acabo de entender. El enemigo está dentro. Dentro de nosotros mismos.

Esto es el toreo (Fotografía: Toros del Mediterráneo)

Hoy el toreo se llama Saúl Jiménez Fortes (Fotografía: Toros del Mediterráneo)

miércoles, 16 de agosto de 2017

La entrega de Ureña

Por Clarito

El toreo de entrega de Paco Ureña

Desde que el toreo es toreo conviven dos modos distintos de torear y no hablo de las extintas Escuelas de Ronda y Sevilla cuya existencia niegan muchos tratadistas convencidos que el toreo es uno y lo que varìa es el estilo, la personalidad que cada torero imprime a su toreo.


Cuestión de estilo. Dos versiones de un mismo capotazo. Javier Jiménez y José Garrido
Es cierto que el estilo imprime carácter pero no es cierto que sólo exista una única forma válida de torear. De hecho todas las competencias que ha habido (cuando en el toreo había competencias) lo han sido no por contrastes de estilos sino por contraste de conceptos, por diferencias en los planteamientos.

Una de la más antiguas fue la competencia de Cúchares y el Chiclanero. El primero partidario del conocimiento de las reses, atento a sus condiciones y dispuesto a adaptar su toreo a estas. El segundo, partidario del conocimiento de las suertes, de la forma de ejecutarlas y dispuesto a imponer su estilo a todos los toros fuese cual fuese su condición.

En la línea de Cúchares han estado grandes toreros como Guerrita, Joselito o Luis Miguel Dominguín. En la línea del Chiclanero, otros no menos grandes como el Espartero, Belmonte o Manolete. Dos modos de entender el toreo, de plantear la lucha con el toro, dos modos diferentes pero, como he dicho, los dos perfectamente válidos. 

Viene esto a cuento porque ayer viendo torear a Ureña me acordaba de Juan Belmonte. Salvando las distancias y sin querer comparar (Belmonte es incomparable) me parece que hay una cierta coincidencia de estilo, de acento personal. No comparo calidades ni categorías toreras. Tampoco las formas, arcaicas las de Juan y modernas las de Paco sino esa actitud, tensa y crispada con la que ambos se enfrentan al toro. Ureña podrá torear muy templado y lo hace pero su toreo transmite una cierta apretura de ritmo, cierta atmósfera trágica y apretada -como si en cada lance pudiera ser cogido- que creo existía en el toreo de Belmonte. Al que quizás por eso llamaron el trágico.

Pero además de esa coincidencia de estilo, creo que existe también coincidencia en el planteamiento, en ese manera de atender más a la forma de ejecutar la suerte, sea cual sea la condición del toro. Conocimiento de las suertes por encima del conocimiento de las reses. 

Ese era el planteamiento de Belmonte dispuesto a dejarse coger por una becerra en un tentadero o por un toro en la plaza por tal de dar el muletazo que quería y en la forma en la que quería, sin importarle riesgos o consecuencias. Es ese también el planteamiento de Paco Ureña, cuya forma de torear sigue un mismo patrón, una misma intencionalidad. Si el toro se adapta a su toreo surge la faena cuajada y redonda, emocionante y arriesgada de su primer toro (Faena de dos orejas premiada sólo con una ¿Para cuando la Puerta Grande de la Malagueta?). Si el toro no se adapta o no acaba de adaptarse a su forma de torear, la faena discurre deslavazada y a retazos mezclando muletazos de gran calidad con otros de menor enjundia en el resultado pues el trazo, la intención es siempre magnífica. Ese era también -salvando las distancias, repito- el dilema de Belmonte y la causa de su magistral irregularidad.

El toreo encajada y tenso, nada vertical de Paco Ureña en un excelente derechazo
Incluso con la izquierda y vertical, el toreo de Ureña transmite siempre cierta tensión

Ese planteamiento tan radical, tan extremo, tan en el filo de la navaja, no garantiza el éxito, no puede garantizarlo pero garantiza la emoción pues ahí, en esa apuesta, en ese albur surge el interés que transmite y el entusiasmo que provoca ante la duda en el resultado. En eso, y en la evidente entrega que supone jugarse todo a cara o cruz, en cada momento, en cada lance, en cada suerte, en cada muletazo.

Ese jugarse todo en cada instante creo que es la mejor definición de la entrega en el toreo.

martes, 15 de agosto de 2017

Drosero-47. Un toro bravo, bravísimo

Por Clarito

Castella con Drosero-47 de Victoriano del Río (EFE)

Cuando salta el toro a la arena la fiesta cobra todo su sentido. Se me dirá que toros salen todas las tardes y no deja de ser verdad pero cuando el aficionado habla de "un toro", quiere decir algo más.

No se trata de volumen ni del peso, ese que tanto confunde a algunos que, cuando ven la tablilla con menos de 550 kgs., ya están hablando de novillos. Y no es eso, los toros de ayer de Victoriano del Río andaban entre los 480 y los 524 (solo el sobrero de Benjumea fue la excepción) que es un peso suficiente cuando los toros tienen edad y trapío. La corrida estuvo bien presentada.

Eso por lo que respecta a la presentación que, por lo que hace al comportamiento, las cosas son más complicadas pues si lo ideal es el toro bravo y noble, en la variedad está el interés de la fiesta. En la corrida de ayer y dentro de una tónica de buena casta (que es el santo y seña de esta gran ganadería) vimos esa variedad que va del manso sexto, rajado y huido (ese que decían los viejo aficionados que quería sacar agua de la noria) al bravo, bravísimo cuarto, un toro encastado y fiero de esos que tanto gustaban a esos viejos aficionados y que tan poco les gustan a los toreros.

Sobre ese toro cuarto (Drosero-47) hay que hacer punto y aparte pues fue un toro al que, en varas donde hizo buena pelea, sangraron mucho, tanto que temimos que no llegara con bríos suficientes al último tercio pero, sorpresa, el toro se vino arriba, desbordante de casta y alegría. Un toro difícil por lo encastado y bravo. La suerte fue que le tocara a Sebastián Castella, que ayer vino crecido (tan encastado y bravo como el toro, como se vio en la tremenda réplica que, en su primero, dio a un buen quite de Talavante). Si le llega a tocar a otro torero, todavía está el toro en la arena y el diestro huyendo. Castella, no. Castella estuvo muy firme y muy decidido, consiguiendo meter en la canasta al fiero toro de Victoriano del Río. 

Fue faena con la mano derecha que es la indicada para este tipo de toro porque es la mano con la que se domina. Con esa mano es con la que toreaba Domingo Ortega que es quien más les ha podido a los toros. Pero como Castella es Castella y por eso está donde está, también se puso con la izquierda, lado por el que el toro estaba intratablederrotando y pegando hachazos. Los naturales no fueron limpios, no podían serlo, pero la firmeza del torero y su apuesta, hay que apuntarla en su haber. De remate mató jugándosela en un toma y daca emocionante. El toro salió muerto de la estocada y le dieron una oreja aunque le pidieron dos. Se las hubiera merecido pues su tarde, desde que salió su toro, el primero, había sido de Puerta Grande (¿Para cuando queda abrir la Puerta Grande de la Malagueta?). 

Se me olvidaba, con el capote en ese toro también me gustó mucho pues llevó muy toreado al toro que, repito, no era fácil de torear.

La estocada de Castella
Roca creo que equivocó el planteamiento de faena al último de la tarde, el manso de libro del que antes hablábamos, pues empezó por estatuarios y el toro se le iba. Se le acabó yendo del todo. Pero con estos toros cualquiera sabe cual es el planteamiento correcto. Lo probable es que, le hiciera lo que le hiciera, se le hubiera acabado yendo. Dicen que todos los toros tienen su lidia pero con estos toros, la única lidia posible es correr tras ellos (lo que, por supuesto, es mucho mejor a que sea el toro el que corra tras uno).

En el otro, al contrario, Roca Rey se justificó de sobras. El sobrero de Benjumea, muy grandote y pesado, se movía y estos grandes toreros de ahora tienen tal capacidad que, cuando el toro se mueve, sea bien o mal, tienen ya un hilo para tirar del ovillo. Y Roca tiró. Bien por el peruano.

Roca Rey con el sobrero de Benjumea. Esa forma tan perfecta de acucharar la muleta es la que hizo que el toro -una máquina de tirar derrotes- no se la enganchara.
Por cierto, un punto para la Presidencia en el toro devuelto. Lo habían ya picado y las protestas arreciaban. El palco hizo señas a los toreros para que movieran al toro y pudiéramos calibrar sus fuerzas. Los toreros -Roca y su peón- se quedaron impasibles y no se movieron como si quisieran que al toro lo echaran para atrás. La Presidenta no tuvo más remedio que sacar el pañuelo verde y devolverlo. Ese peón luego le daba un par de capotazos al toro que este tomó bien y, con la mirada, reprochaba la decisión de la Presidenta. Se equivocó. Yo no hubiera devuelto al toro pero el error fue suyo y de su torero.

Talavante pasó del frío al calor, de la faena académica pero fría y algo despegada (que difícil es torear con los vuelos) del toro segundo a la sinfonía del mejor toreo posible al natural que nos regaló en el quinto de la tarde. Probablemente, juguemos a profetas, una de las mejores faenas que podremos ver en la Feria. No es fácil describirla. Suerte que, hoy, con los videos no tenemos que conformarnos con lo que nos cuentan. Faena sobre la mano izquierda, con los vuelos desde arriba, con la elegancia y la suavidad con la que Talavante sabe torear. Un lujo y una delicia. Un deleite para el paladar del aficionado al buen toreo que es el que vimos hasta que el toro se rajó (Un inciso. Se rajaron varios toros, indicio de que la bravura tiene fecha de caducidad pero también indicio de que hay que medir más las faenas, algo que hoy no se hace). La lástima fue que no lo matara.

Talavante en el quinto toro. Generalmente la fotografía capta el momento central de las distintas suertes. Esta -más original- capta el remate. Gracias a eso, se puede apreciar perfectamente como el toro va toreado hasta el final del muletazo 
Resumiendo, y como decían los antiguos, que la tarde fue buena, los toros bravos y los toreros valientes. Una gran tarde de toros y de guinda, Drosero-47, negro mulato, 480 Kg, nacido en octubre de 2012. Un toro bravo.

Un toro bravo, bravísimo que encontró su torero.

Excepcional verónica de Castella a Drosero-47

lunes, 14 de agosto de 2017

Cuaderno de notas (CXXV) Morante se va

Por Jose Morente
Morante en Salamanca con un toro del Pilar en 2010 (Fotografía Ernesto Naranjo)

Lo cuenta Paco Mora en Aplausos. Morante se va. Dice que "harto del caballo con cuernos que sale en muchas plazas, al que considera, y con razón, fuera de tipo de lo que debe ser el toro bravo apto para la lidia". Y harto -hasta el gorro dice- de "presidentes incompetentes, que se creen señores de horca y cuchillo desde su limbo inaccesible". Harto de los "ataques a la Fiesta desde todos los ángulos posibles, ante la impasibilidad de las autoridades y la desunión y el “dolce far niente” de afición y profesionales".

Sean o no esas sus razones, harto ya de estar harto, Morante se va.  

Y nosotros, ya sin Tomás que este año no torea y ahora también sin Morante que se va, nos quedamos un poco más huérfanos todavía si cabe.


Los toros del Pilar. El toro de las doce.

Por Clarito


Padilla en Málaga estuvo en Padilla (EFE)

Una corrida del Pilar grande y vieja. Pasada de kilos y pasada de edad. El toro que pasa de primeras el reconocimiento matinal en estas plazas de primera pero que, luego, a la tarde no pasa, no da, el juego mínimo necesario.

Mansos y descastados los toros de Fraile, salvo uno que, aunque lesionado de un remo, era bravo y pronto. Un toro alegre en su larga embestida. De esa alegría que llega al tendido. Dicho en la jerga actual, un toro con transmisión. Uno entre seis.

La terna estuvo bien dentro de las limitaciones impuestas por los astados. 

Algo desanimado vimos a Ferrera a quien esta temporada tantas tardes buenas le llevamos vista. En banderillas, los toros fueron complicados. Algunas ganaderías a las que algunos llaman comerciales suelen ser difíciles de banderillear. Tal el caso de Victoriano del Río que lidia esta tarde. Los del Pilar lo fueron, tanto que Ferrera renunció a parear en el toro en el que invitó a sus compañeros y también en el otro suyo en el que dejó que lo hicieran sus peones lo que el público le reprochó.

Muy bien Fandi con ese capote que tampo templa a los toros: ¡Como "tiempla" el granaíno! Dicen que baja con la muleta. Es posible. Lo mismo decían de Luis Francisco Esplá. También es posible (aunque ayer no fue el caso) que, por ese prurito banderilleador, los toreros banderilleros se dejen crudos a los toros en varas y luego en la muleta el toro no llega suficientemente picado. Medir el castigo es muy complicado y lo que vale para la muleta no vale para las banderillas.

Y muy bien Padilla en el único bravo toro del Pilar al que cortó merecida oreja. Padilla tuvo toro y lo aprovechó. Con decir que estuvo en pirata, creo que está todo dicho. Ayer su faena al cuarto justificó para muchos el precio de la entrada.

Pero, cada vez lo tengo más claro y aunque como aficionado ese toro tremendo y grande, pasado de kilos y edad, me entra por los ojos, como espectador que paga su entrada (muy cara y recargada con el IVA antiguo) esa presentación no me basta y se me borra y diluye si los toros no son bravos. El toro de las doce (el del reconocimiento) no suele coincidir con el de las cinco (el de la corrida). 

Puestos a elegir entre los dos, entre el toro de las doce y el toro de las cinco, me quedo -sin dudarlo- con este último.


domingo, 13 de agosto de 2017

Una tarde espléndida

Por Clarito

Los seis novilleros malagueños. Juan Carlos Benítez, Antonio Santana, Curro Mázquez, José Antonio Lavado, Francisco Morales y Samuel Ortíz  que nos dieron una gran tarde de "toros" (Foto Toros del Mediterráneo)

Es muy complicado torear con una plaza con pocos espectadores. Y no lo digo sólo por lo gélido del ambiente -incluso en este caluroso agosto- que se transmite del tendido al ruedo y del ruedo al Palco, sino porque cuando una plaza se queda medio vacía -como la Malagueta hoy en la novillada de inicio de Feria- la mayoría de los asistentes son aficionados. Y esto que parecería una ventaja es, en realidad, un handicap, pues el aficionado, el buen aficionado, salvo excepciones y al contrario que el público en general, es poco festivo, más bien adusto y poco propenso a exteriorizar sus emociones, unas emociones que aquilata con avaricia de cuentagotas. Y eso se nota demasiado, a la hora de premiar con justicia la labor de los toreros en la plaza.

Eso fue lo que pasó en Málaga esta tarde, una magnífica tarde de toros que quizás tuvo menos eco en el tendido del que tendría que haber tenido lo que se hizo en el ruedo. Cosas de la Fiesta.

Y también son cosas de la Fiesta, misterios de la Fiesta, el hecho de que, mientras la corrida inaugural de San Sebastián con tres figuras en el cartel y una ganadería de campanillas, Zalduendo, degeneraba en fiasco; la novillada de Málaga con 6 chavales bisoños y la mayoría poco placeados y una ganadería que no lidia demasiado, nos proporcionaba una magnífica tarde de toros. Casi tres horas de un espectáculo cabal y espléndido. Tres horas que se nos fueron en un suspiro.

Y eso que, para empezar, las reses de "Toros de la Plata" (dos con el hierro de "Ordóñez Araujo") aunque novillos por su edad, fueron toros por hechuras y trapío. Lo bueno es que, en general y salvo el 3º, sacaron movilidad y nobleza.

La "novillada" en los corrales.

Frente a ellos seis novilleros malagueños, todos jugándose muchas cosas a una sóla carta y todos demostrando firmeza, mucha firmeza, y ganas, muchas ganas de funcionar en esta profesión.

No voy a entrar en el análisis detallado de lo que pasó en la plaza. Sólo decir que vimos faenas elegantes y con suave manejo de los engaños, caso de Antonio Santana, alegría y pinturería en Curro Márquez, aromas de vieja lidia en un trasteo de poder a poder con un manso de libro en José Antonio Lavado,  oficio y solvencia de buen toreo en Juan Carlos Benítez, que cortó la única y más que merecida oreja que concedió la Presidencia, firmeza y gran precisión técnica en un sorprendente Francisco Morales y aplomo y capacidad de apuesta en Samuel Ortíz

Quede constancia que, para alguno de ellos, era la primera novillada del año lo que alzaprima el mérito de su actuación.

En resumen, gran tarde de toros gracias al arrojo, firmeza y decisión, a más del buen hacer, de seis novilleros malagueños. Un lujo.

Elegancia y apostura de Antonio Santana

Alegría y conexión con el público en Curro Márquez

El poderío, decisión y valor de José Antonio Lavado con un manso de libro.

La apuesta de Juan Carlos Benítez que hizo además un muy buen toreo de muleta

Rotundo y perfecto manejo de los engaños de Francisco Morales

La firmeza y entrega de Samuel Ortíz
Nota: Aunque las cuadrillas cumplieron no puedo dejar de destacar los dos magníficos puyazos de Manuel Sánchez al cuarto de la tarde. En el primero, echando el palo con contundencia antes de que el toro llegara al caballo. En el segundo, con el toro ya picado, sin apretar y midiendo con estilo de buen caballista. Quede también constancia.

Fotografías de Toros del Mediterráneo

jueves, 10 de agosto de 2017

El pase de costadillo de Chicuelo (I)

Por Jose Morente

El pase de costadillo de Chicuelo. Un pase a media altura con los pies juntos y citando de costado. Un pase al que (según Robert Ryan en su libro"El toreo de muleta" del que está sacada la foto) llaman en México el pase sevillano
En la Edad de Plata del toreo y tras la revolución gallista, empieza a salir a las plazas un toro más y mejor seleccionado para el toreo. La herencia de Lagartijo encuentra por fin el campo abonado y el ejemplo, bien qué irregular y esporádico, de un torero como Rafael el Gallo comienza a dar sus frutos. La estética, el toreo entendido como arte, tendrá ya un sitio importante en las plazas. Un sitio en el que la aportación de Chicuelo, un gran torero irregular pero muy hondo, será clave

Con Chicuelo se inicia la conocida como escuela sevillana cuya influencia en los demás toreros de su ciudad será tremenda. Empero, su aportación no se agota ni mucho menos en el adorno y la pinturería y, aunque tiempo habrá de hablar de su legado, adelantemos que, como ha ocurrido tantas veces, Chicuelo tendrá más caché entre los toreros y los aficionados de élite que entre los críticos y los historiadores, confundidos y perdidos estos últimos en lo aparente de su toreo, en sus formas y en sus gestos, en sus desplantes y en su garbo, en su estilismo preciosista en suma. Chicuelo es eso pero también es más, mucho más, que todo eso.


El tradicional pase de costadillo.

Su nieto Manolo, que es quien me ha puesto sobre la pista de este muletazo, me comentaba hace unos días que, uno de los pases de adorno que aportó Chicuelo a la Tauromaquia, además de la sempiterna chicuelina, fue "su" pase de costadillo que es el que aparece en la fotografía que encabeza esta entrada del blog: un pase con los pies juntos y cite de costado y con la muleta a media altura. Subrayemos lo de "su" pase pues Chicuelo le dio un sello propio -como me explicaba Manolo- y porque además conviene evitar confusiones que quizás convendría intentar aclarar.

Y es que, tradicionalmente, se ha venido llamando pase de costadillo a otro pase diferente ejecutado también con los pies juntos y citando de costado pero con remate por alto.

En el imprescindible libro de José Luis Ramón, "Todas las suertes por sus maestros", es Mario Carrión, otro torero sevillano quien habla del tradicional pase de costadillo. Insertamos a continuación la foto de ese pase que se inserta en ese libro.

El pase de costadillo en la airosa versión de Mario Carrión (Fotografía del libro de José Luís Ramón). Un muletazo muy diferente al de Chicuelo.
Mario nos comentaba que aprendió ese pase por ósmosis toreando de salón con su primo Pepín, pero que este nunca mencionó el nombre de esa suerte. Según Mario, Pepín ejecutaba ese pase "no en series, como por ejemplo las manoletinas o los estatuarios, sino uno a uno, como complemento para cerrar una faena, junto a otros inspirados pases de adornos como molinetes o recortes".

Es ese un pase que hemos localizado en las crónicas y las revistas de las Hemerotecas de mediados de los años veinte del siglo pasado.

El tradicional pase de costadillo (Fotografía publicada en la Revista El Clarín en 1929)

Lo que es evidente es que ambos muletazos son diferentes pues, aunque en ambos se cita de costado y con los pies juntos, en el pase de costadillo de Chicuelo la muleta se lleva a media altura. Valga de ejemplo, además de la fotografía que encabeza el post, esta otra que insertamos a continuación y que corresponde a un muletazo dado en Madrid de 1934.

Pase de costadillo de Chicuelo (Fotografía publicada en Mundo Gráfico el 16 de mayo de 1934)

Chicuelo también ejecutaba el otro pase de costadillo, el tradicional, el que se da por alto como vemos también en esta otra foto de su histórica faena al toro Corchaíto de Graciliano Pérez Tabernero en Madrid, el 24 de mayo de 1928.

Chicuelo. Pase de costado al toro Corchaíto (Fotografía publicada en la revista Nuevo Mundo el 1 de junio de 1928)
Robert Ryan para distinguirlos reserva el nombre de pase de costadillo al que daba Chicuelo a media altura y llama pase de costado por alto al otro. Entendemos que se puede mantener la nomenclatura tradicional llamando pase de costadillo a ambos muletazos pero adjetivando o identificando (como pase de costadillo de Chicuelo o pase sevillano) al que era exclusivo del torero de la Alameda. 


Un pase con gracia que no le hacía gracia a los críticos

Chicuelo que toreaba -y muy bien- con el compás abierto, gustaba de juntar los pies en algunos adornos, como en esos pases de costadillo que acabamos de ver.

Lo cierto es que esos adornos (por alto o a media altura), entusiasmaban a los públicos de la época, pero -por lo leído- no les hacían ninguna gracia a alguno de los adustos críticos de la época (puntualicemos que a otros, sí). Eso de citar con los pies juntos y, sobre todo, eso de citar de costado, era demasiado rompedor para los tópicos que ya entonces empezaban a imponerse.

Una reacción desproporcionada y absurda pues estamos hablando de dos lances menores. Sin embargo, los calificativos utilizados por algunos revisteros rayan en el insulto.


En sendos números de la Lidia, A. Durá calificaba de estúpido el pase de costadillo (amén de menospreciar a su inventor y al público que lo aplaude) y Resinés lo calificaba de idiota . Personalmente, lo que me parece estúpido e idiota es el comentario, no el pase (La Lidia 9 de diciembre de 1927)
La crítica al chicuelista pase de costadillo tiene uno de sus principales valedores en César Jalón Clarito (Articulo publicado en KChT, el 26 de abril de 1925)
Estos prejuicios, influirían también en José María de Cossío quien, en Los Toros, define el costadillo como "manera viciosa de torear sin dar frente al toro y preparado el diestro a la huida". Para esa tendenciosa definición, Cossío se apoya en un viejo texto de la Lidia de 1895 ("Torea de muleta de costadillo y engendrando la huída y mata al azar y volviendo la cara").

Como bien explica Raúl Galindo en su libro "El toreo, en teoría", ese reproche injusto al cite de costado proviene de la época en que el mero hecho de citar de frente se consideraba una osadía y (como recoge Cossío) una aparente renuncia del torero a rectificar o huir. Hoy, aunque algunos siguen pensando lo mismo, sabemos que no es así.

El caso es que, mientras en la verónica, la colocación de costado en el cite, había sido ya admitida y aceptada por todo el mundo, por el contrario, en la muleta, el cite de costado o de perfil, aún no se aceptaba y todavía sigue sin aceptarse por los aficionados más arcaizantes.


Origen de un muletazo

Con independencia de lo anterior, una cuestión que no está clara es el origen de ese pase de costadillo a media altura que daba Chicuelo (pues el que se hace por alto parece una clara variante del pase de pecho). El proverbial tradicionalismo de la crítica taurina más atenta a denunciar desviaciones de la norma que a testificar sobre la lógica evolución del toreo, nos ha hurtado la información de primera mano que sería necesaria para conocer cuando y como se inician este y otros lances.

Joselito el Gallo en un pase de tirón por la espalda. En algún muletazo por la espalda de Gallito o de Rafael el Gallo o de Cayetano Sanz puede estar -según Robert Ryan- el origen del pase cambiado por la espalda de Granero y, por tanto, el origen del pase de costadillo de Chicuelo
El único que ha afrontado esta cuestión ha sido -que sepamos- Robert Ryan. En su imprescindible libre "El tercio de muerte", Ryan hace derivar el pase de costadillo de Chicuelo (al que, en México dice que le llaman "pase sevillano") del pase cambiado por la espalda que daba el valenciano Manuel Granero. Lo vemos.

26 de julio de 1921. Manuel Granero en un pase cambiado por la espalda que, según Robert Ryan, es el antecedente directo del pase de costadillo de su tocayo Chicuelo.
A la vista de la imagen, resulta evidente que ambos pases (el pase de costadillo de Chicuelo y el cambiado por la espalda de Granero) son muy similares. Al menos, en su remate. En todo caso, Ryan le da la primacía en la autoría del pase a Granero pero yo no lo tengo tan claro. Ambos toreros fueron muy amigos y de becerristas andaron mucho tiempo juntos por los campos salmantinos. Es posible que allí fuera donde se cociera este singular y sencillo muletazo, salido probablemente del caletre de uno de ellos, del de Granero o del de Chicuelo. Difícil saber hoy día de quien. Tampoco creo que importe demasiado. En cualquier caso, cada uno de ellos lo interpretó con su estilo y personalidad propias.

Manuel Chicuelo, Manuel Granero y Juan Luis de la Rosa en su época de novilleros en Salamanca

El pase de costadillo de Chicuelo

Al contrario que el pase de costadillo por alto que se utiliza como adorno en los remates de faena, Chicuelo utilizaba el pase de costadillo, en los inicios de faena y como pase de tanteo. Un pase de tanteo para preparar el pase natural.

Hay pases -como el natural o el pase de pecho- que tienen importancia y enjundia por sí mismos. Otros pases son más sencillos y elementales y su importancia radica sólo en la capacidad torera de quien los ejecuta.

La chicuelina sin ir más lejos puede ser un capotazo monótono y repetitivo pero ejecutado por un Chicuelo, por un Paco Camino o por un Jose Mari Manzanares padre, resulta un lance de una belleza deslumbrante y honda. Pasa igual con el pase de costadillo. Según Mario Carrión, en opinión que compartimos:
"El pase de costadillo sin un toque de chispa no es gran cosa, tal vez por eso los toreros sevillanos como Chicuelo o Pepín, que le dan esa chispa, hayan tenido la tendencia a hacerlo parte de sus repertorios".
Y, en efecto, cuando Chicuelo daba ese pase de costadillo, aportaba, con un mínimo gesto. un chispazo de luz ("la primavera florida de los pases de espalda, cuando estos eran primor" dice poéticamente Ryan) a la densidad tremenda de la faena de muleta por naturales que era también marca de la casa. De la casa de los Chicuelos.

El pase de costadillo de Chicuelo podrá ser y lo es un pase de tanteo pero un pase de tanteo de un torero (atención al dato) que, cuando el toro era bueno,... ¡tanteaba por naturales!

Nota de LRI: No puedo terminar sin hacer mención de la información y colaboración prestadas por mis amigos Manolo Chicuelo (nieto del genial torero de la Alameda) y Mario Carrión (torero de buen estilo y primo de Pepín) para la elaboración de esta entrada. A ellos mi agradecimiento infinito.

El natural de Chicuelo (Tarjeta postal de 1930).Chicuelo iniciaba alguna de sus faenas tanteando al toro con pases de costadillo pero cuando el toro era bueno empezaba la faena directamente con el pase natural O, lo que es lo mismo, ¡tanteando por naturales!

sábado, 5 de agosto de 2017

Cuaderno de notas (CXXIV) El pase de pecho de Juan Belmonte (según Corrochano)


El pase de pecho de Belmonte. Juan ha citado de frente  con el compás abierto cargando la suerte sobre la pierna de salida, la muleta está barriendo los lomos del toro. El toreo cambiado en su más alta expresión.

"Pero ¿como era el pase de pecho de Juan Belmonte? El brazo izquierdo muy extendido hacia el toro. La muleta tocando el suelo, y cuando el toro tomaba los vuelos de la muleta se lo traía muy toreado y se lo pasaba hasta rozarse con la mano izquierda el hombro derecho, con lo que el toro embestía en semicírculo, en un movimiento parecido a la media verónica, y cuando estaba todo el toro pasado y el brazo izquierdo no daba más de sí, sacaba la muleta por encima de los cuernos y, barriendo los lomos, le peinaba la cola.

Estos pases, así iniciados, toreados, mandados, rematados y ligados suponen un quebranto del toro, que fácilmente se comprende que no resistan a muchos pases, y sobre todo ligados, sin romperse la continuidad, sin interrumpir el toreo, que este no interrumpir el toreo es lo eficaz, lo difícil, lo peligroso y lo torero".


CORROCHANO, Gregorio. "¿Qué es torear?-Introducción a la Tauromaquia de Joselito" (1ª ed. Madrid, revista de Occidente, pág. 236)

Belmonte cita encorvando el cuerpo hacia el toro pero con el brazo izquierdo extendido y la muleta tocando el suelo (publicado en La Lidia. 31 de mayo de 1920)

El embroque del pase de pecho de Juan Belmonte. El torero se ha estirado. La muleta está barriendo los lomos del toro. El brazo izquierdo extendido hasta no dar más de sí.

El remate. La muleta peina la cola (Fotografía publicada en Mundo Gráfico. 28 de abril de 1915).