jueves, 20 de julio de 2017

Una muestra de dominio

Por Jose Morente

Desplante de Rafael el Gallo

La foto que encabeza este post no sólo es magnífica sino que también resulta representativa de algo que es muy habitual en el toreo: el alarde de valor y dominio que supone, estando en la cara del toro, desentenderse del astado y dedicarse a arreglar la muleta (como hace aquí el ínclito Rafael) o a saludar al público (como hizo Joselito en Lima).


Joselito en Lima. Desplante


Más mérito tiene mientras más cerca se encuentra el torero del toro como es el caso de este adorno de Joselito cogiendo el pitón de un torazo de Miura en Zaragoza en octubre de 1913, mientras sonríe al público.

Joselito en Zaragoza un año en 1913 desmintiendo leyendas falsas

Y más mérito aún, al menos para los espectadores, si estos desplantes o alardes se hacen de rodillas . Secándose el sudor con un pañuelo como hizo Gallito en Valencia en tarde que actuaba en solitario o sencillamente de espaldas al toro, como hizo Juan Belmonte en México. O, apurando, sentando en el albero, como ese cite surrealista de Victoriano de la Sera





Desde luego, eso de mirar al tendido estando en la cara del burel, ya sea de frente o de espaldas, en pie o de rodillas, se ha considerado siempre una muestra sobrada de valor y dominio. Un alarde que entusiasmaba a los públicos de antes y creo que también a los de ahora, aunque con estos últimos, nunca se sabe.

Pero el colmo, el verdadero colmo, en cuanto supone demostración de absoluto dominio sobre el astado, es hacerlo, no con el toro parado y entregado, sino con el toro en movimiento, en plena faena, en medio del muletazo. Que es lo que hacía ese verdadero monstruo del toreo que se llamó Manuel Laureano Rodríguez Sánchez. Más conocido taurinamente como Manolete.

Manolete en un sensacional natural mirando al tendido en 1940 (Foto de ABC publicada en el blog Val de Braus)
Addenda cinematográfica:

Mi amigo Antonio Luís Aguilera me comenta que hablando un día con Ángel Luis Bienvenida en Córdoba,  le dijo que, para meterse con Manolete, a él lo alababan algunos diciendo que había sido el primero que toreó mirando al tendido. Con la honrada sencillez y gallardía que atesoraba contestaba: "Sí, yo fui el primero, pero lo hice pocas veces, mientras que Manolete era capaz de hacerlo todas las tardes".

Eso explica el entusiasmo del público ante esa apuesta. Por ejemplo, el del público mexicano la tarde de los toros de Coaxamalucan. No pierdan de vista a ese empleado de la plaza que, entre barreras, se alboroza hasta el paroxismo con el toreo de muleta mirando al tendido del torero de Córdoba.

Y tiene lógica, si emocionaba la actitud del torero que tranquilamente, se ponía a arreglar la muleta indiferente ante la cara del toro, mucho más tenía que emocionar este alarde de valor y dominio verdaderos.   


domingo, 16 de julio de 2017

La última tarde de Manolete en Madrid

Por Antonio Luis Aguilera

Como era habitual en la Beneficencia, los toreros (Manolete, Gitanillo y Pepín) cumplimentan a Franco (Fotografía publicada en el Ruedo el 17 de julio de 1947)
La expectación por ver al torero de Córdoba era enorme. El monstruo actuaba en la corrida de la Beneficencia sin cobrar sus honorarios, para contribuir, con su toreo y con su generosidad, a financiar las obras de ampliación del Hospital Provincial de Madrid. Nadie podía imaginar que aquella luminosa y calurosa tarde del 16 de julio de 1947 el famoso diestro iba a echar su último paseíllo en Las Ventas, pero el destino había previsto que el cartel de ese día pasara a ocupar un lugar preferente en los anales de la plaza monumental: Toros de Bohórquez para Gitanillo de Triana, Manolete y Pepín Martín Vázquez.
El segundo toro de la tarde se había defendido con aspereza, sin permitir que Manolete le impusiera su toreo. Durante el trasteo, parte del público, de ese que disfruta levantando ídolos para luego pisotearlos, se metió con él enviándole algunos recados con intención de herirle: ¡Ya era hora de que vinieras a Madrid! ¡Aquí queremos cogerte! ¡Lo de siempre, Manolete, lo de siempre! ¡Menos cuento, acércate más y menos cuento!... Los aficionados de verdad observaron que el toro no admitía faena y optaron por callar, pero su respetuoso silencio fue utilizado como caja de resonancia por los desalmados que ofendían al torero escondidos en la inmensa masa de público.  

Manolete iniciando su faena a Babilonio por estatuarios como en él era habitual (Fotografía publicada en el Ruedo, el 17 de julio de 1947)
Manuel tenía puesta toda su esperanza en Babilonio, el quinto de la tarde, pero una vez más falló el tópico y el toro resultó tan manso como toda la corrida, costó trabajo meterlo en el caballo y la ardua lidia para llevarlo y traerlo despertó en su comportamiento una clara incertidumbre, que desarrolló vacilando en las primeras arrancadas, donde protestó con violentos derrotes cuando era obligado por la poderosa muleta de Manolete, quién a pesar de los tornillazos lo recibió sin dudas, con unos portentosos y majestuosos doblones rodilla en tierra, rematados con calculada severidad, dejando caer la franela sobre la arena. Fuera de la segunda raya, el cordobés probó el toreo en redondo, pero el manso volvió a sacar su genio y su  peligro, se quedaba corto, medía y buscaba sin disimulo al torero, que lógicamente hubo de resolver mejorando su terreno. Fue entonces cuando desde un tendido de sombra un miserable gritó con todas sus fuerzas: ¡Cobarde

La mejor contestación a ese injusto grito la dio Gerardo Diego: "¡Cobarde! grita un cobarde/y un valiente palidece/la afrenta ciega la tarde/y el instante enorme crece"
Un sentimiento de vergüenza ajena se apoderó del monumental recinto. Manolete, de forma instintiva, levantó la mirada tratando de localizar el lugar que ocupaba el valiente espectador, pero inmediatamente volvió su mirada al toro, atornilló las zapatillas en la arena, y con la muleta en la diestra aguantó impávido las inciertas acometidas del murubeño, que probaba y había que esperarle mucho. La angustia se adueñó de la plaza ante el estoicismo de Manolete, que espeluznantemente resistía en el sitio, sin variar su posición, hasta que en un pase el toro derrotó de forma seca y le hirió en la pierna izquierda. El fugaz gesto de dolor del espada encogiendo la pierna hizo pensar que se trataba de un simple varetazo o un pisotón. 

El momento de la cogida con la pierna izquierda del torero levantada por el derrote seco del pitón del toro de Bohórquez (Fotografía publicada en el Ruedo el 17/07/1947)
Mas él sabía que estaba herido y continuó su faena con indecible exposición, perseverando su toreo sobre ambas manos, mientras un hilo de sangre bajaba por la pantorrilla tiñendo de rojo la media. La casta de Manolete suplía su falta de facultades, seguro de su dominio fue bajando cada vez más la muleta hasta imponerse definitivamente a Babilonio, que acabó entregado al espada que domeñó su violencia, y colaborando en una faena que fascinó a veinticuatro mil personas que no creían lo que veían sus ojos. La afición comprobó que el torero estaba herido, y se entregó unánime e incondicionalmente ante la belleza e importancia de aquella faena emocionante, dominadora, de quien erguido como una torre en el ruedo, aguantó, ligó y bajó las manos como nadie antes lo había hecho.  

Con la media ensangrentada y la mirada clavada en el morrillo, Manolete atacó derecho y dejó una estocada en todo lo alto que, en escasos segundos, provocó la muerte del murubeño. 

La estocada. Un hilo de sangre mancha la media rosa. Manolete mata a Babilonio (Fotografía publicada en el libro "Cuando suena el clarín" de Corrochano)
Los miembros de la cuadrilla le esperaban al salir de la suerte, y el torero se echó en sus brazos para que lo llevaran a la enfermería, donde fue intervenido quirúrgicamente. Cuando toda la plaza se puso en pie, unos aficionados desvelaron a la policía el escondite y la identidad del espectador que había insultado al torero, y esta hubo de acudir de inmediato para prestarle protección. A Manolete le otorgaron las orejas, que no pudo pasear por el ruedo donde había derramado su sangre.    

El Mosntruo camino de la enfermería en brazos de las asistencias (Fotografía publicada en El Ruedo, el día 17)
Estando recuperándose en el Sanatorio La Milagrosa de Madrid fue visitado por José María Carretero, escritor montillano que popularizó el seudónimo El Caballero Audaz. El paisano le comentó la mala pata que había tenido la corrida, pero Manolete mostró su disconformidad con unas palabras que delataban su grandeza como hombre y como torero: ¡No lo creas!... Yo la consideré una corrida de suerte, a pesar de la cogida que me tiene aquí fastidiado... Se trataba de una corrida de Beneficencia, en la cual yo no cobraba nada. En estas obras benéficas, el millonario, con sacar la cartera y dar un cheque de cien mil pesetas, ya está listo; pero yo he tenido la satisfacción de haber colaborado en una obra de caridad con dinero, con mi arte y, porque Dios lo ha querido, con mi sangre; esto es un lujo que no se lo puede permitir todo el mundo. Además, tuve la suerte de torear a gusto y bien.

Manolete recuperándose de la cogida en el Hospital, donde le entrevistó el Caballero Audaz (Fotografía publicada en el Ruedo el 24 de julio)
Cuarenta años después, quien hilvana estas líneas tuvo el privilegio de sujetar el traje que Manuel vistió aquella tarde, un terno celeste y oro, ligeramente palidecido por el tiempo, que el torero regaló a su íntimo amigo Manuel Sánchez de Puerta Guerrero. Con emoción acariciamos las taleguillas, que se hallaban como se las quitaron en la enfermería, mostrando el boquete que horadaba la seda a la altura de la pantorrilla izquierda, la huella de Babilonio, teñida con un reguero de sangre que llegaba a los machos. Aquellas taleguillas testimoniaban la entrega del rey de los toreros, el extraordinario matador que implantó definitivamente el toreo ligado en redondo como canon de faena seriada, donde el espada deja venir al toro por su terreno natural para llevarlo hacia atrás y hacia dentro, la sólida estructura de un sistema capaz de acoger los más diferentes estilos, al que habrían de adaptarse todos los toreros. 

Y en efecto, a su sistema, al sistema de Manolete, tuvieron que adaptarse todos los toreros, comenzando por ese genial Pepín Martín Vázquez que supo adaptar a la estética sevillana los modos y maneras toreras del rey de los toreros: ¡Manolete! (Fotografía de un natural de Pepín de esa tarde publicada en el Ruedo el día 17) 
Addenda:

A la semana siguiente, no sólo el Caballero Audaz, sino también un reportero del Ruedo entrevistaba a Manolete postrado en cama y recuperándose de la cogida. Esto es lo que opinaba el de Córdoba sobre el público madrileño:


El toreo de aguante y exposición que Manolete prodigaba todas las tardes (Fotografía de un natural a Babilonio publicada en el Ruedo, el día 17)
Esa faena y la del segundo toro (de Vicente Charro) están recogidas en la colección Achúcarro. La vemos.

Romance de la Reina Mercedes. De Paquita Rico a Bernarda de Utrera

Por Jose Morente
Paquita Rico

El pasado 9 de julio, fallecía en Sevilla la cantante de coplas Paquita Rico, una de los rostros más bellos -junto a Carmen Sevilla y Sara Montiel- del género. No es este un blog de canción española sino de flamenco -y toros- pero resulta innegable el trasvase de influencias entre la copla y el cante en uno y otro sentido, hasta el punto de que, algún autor, como Pive Amador, ha podido hablar de las coplas "de ida y vuelta".

Y en este trasiego en uno y otro sentido, no está de más hoy recordar una película protagonizada por la Rico en 1958, "Donde vas Alfonso XII", una película histórica que sirvió para hacer popular una copla de la Piquer estrenada una década antes, "El romance de la Reina Mercedes". 

Cartel de la película "¿Donde vas Alfonso XII?" de Luís Marquina.

Una copla que, curiosamente, no se canta en la cinta pero que Paquita haría famosa. Tanto que algunos flamencos, como Fernando de la Morena o la Bernarda de Utrera, la incorporaron a su repertorio, llevándola eso sí, a su terreno, el de la bulerías.

Bernarda de Utrera

Paquita tenía una sonrisa alegre y personal y un estilo elegante que lucía muy bien en el cine. Por eso, me ha parecido oportuno rescatar su imagen y su voz, interpretando a la reina Mercedes, en la cinta citada, y darle el contrapunto del cante flamenquísimo de la Bernarda de Utrera, otra artista que, por desgracia, tampoco está ya con nosotros.

Fotograma de la película protagonizada por Paquita Rico y Vicente Parra

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Romance de la Reina Mercedes (Quintero/León/Quiroga)
Paquita Rico/Bernarda de Utrera


sábado, 8 de julio de 2017

Y después de Fuentes ¿Nadie?

Por Jose Morente



Los aficionados a los toros somos más "orejeros" (en el sentido de "oidores") que lectores. De siempre, el aficionado ha construido su afición oyendo a otros aficionados antes que leyendo textos taurinos.

Bien está siempre que se sepa elegir a quien "oír" y a quien no conviene leer pues la mayoría de los textos taurinos (salvemos sólo a los autores de las dos primeras Tauromaquias, a Uno al Sesgo y a Pepe Alameda y poco más) sólo sirven para introducir confusión en nuestras mentes.

Y es que, en general, quienes escriben de toros lo hacen desde su propio punto de vista, desde sus convicciones. Unas convicciones elaboradas a partir de lo que han oído y, a partir de las cuales, construyen una teoría del toreo, del modo en el que se debe torear, casi siempre muy alejada de lo real, de lo que ocurre en los ruedos, pues olvidan que el toreo es un arte pragmático y no especulativo, tal y como nos enseñara Pepe-Hillo. 

Nada de eso, le ocurre a Nicolás Sampedro, cuyos planteamientos en los dos libros que lleva publicados podrán ser discutidos por algunos (la discusión es la sal de nuestra afición) pero cuyo rigor es innegable. Nicolás ha sido torero (o sea que parte de la experiencia práctica) y, además de buen "oidor" es sobre todo sagaz lector y analista de lo que otros han dicho. Siendo capaz de poner orden donde antes sólo había confusión.



El pasado día 14 de junio, presentó en Málaga, acompañado por el maestro Fernando Cámara y por quien esto escribe, su segundo libro de toros, hace poco publicado: "Y después de Fuentes ¿nadie?". Una interesante reflexión sobre las claves vitales del arte de torear.

En la presentación se habló de ese libro (de las tesis de ese libro) y también del primero que escribió Nicolás, un tratado mucho más técnico y que aborda el enjundioso (y polémico) tema de "Cargar la suerte". Un libro con el sugestivo subtítulo de "Interpretación de un misterio taurómaco"



Cargando la suerte con los brazos (con la estilográfica o el teclado de ordenador en la mano), Nicolás Sampedro Arrubla nos acerca un poco más a esa verdad del toreo que sólo está en los ruedos, como el muy bien sabe y conoce, pero a la que todos los aficionados queremos acercarnos un poco más cada día desde nuestra afición.

Un acercamiento para el que resultan cruciales, libros como estos dos que glosamos: "Cargar la suerte" y el reciente "Y después de Fuentes ¿nadie?"


Nicolás Sampedro durante la presentación del libro "Y después de Fuentes ¿nadie?" en la Sala Oyarzábal de la Diputación Provincial de Málaga

TAUROTECA. Por cierto que, para acercarnos a la figura de Fuentes, nada mejor que este fragmento de uno de los videos de la UNAM, colección dirigida por el maestro José Francisco Coello Ugalde, que me facilita Nicolás y en el que aparecen dos toreros emblemáticos por su elegancia: Antonio Fuentes y el mexicano Rodolfo Gaona.

De fondo musical, hemos elegido (no podía ser de otro modo) la canción "Fina Estampa". 



miércoles, 28 de junio de 2017

El hilo del toreo (II) De Sevilla a Cutervo

Por Jose Morente

Cutervo. 26 de junio de 2017. Manolo Muñoz en un desplante coloca a su toro -al que le cortaría la oreja- un sombrero en el testuz (Foto: Jose Carlos Arata Cockburn )

Me encuentro, en las redes sociales, esta foto de Manolo Muñoz en Cutervo colocando un sombrero en la testuz de su toro e, inmediatamente, me viene al recuerdo otra muy similar de Joselito el Gallo en Sevilla, en idéntica actitud, hace ya más de 100 años.

Joselito, con ese gesto, entusiasmó al público de la Maestranza. Sin embargo, hoy fuera de las plazas (dentro, por suerte, las cosas siguen estando más o menos como antes) consideramos una falta de respeto al toro lo que hace un siglo era motivo de elogios y premios.

En realidad, no ha cambiado el toreo que vive en una espiral continua y eterna de actitudes, movimientos, gestos y desplantes similares que se repiten hasta el infinito. El hilo del toreo. Extraño hilo que enlaza a toreros tan distintos, de distintas épocas y tan distintos lugares. Y es que aquí nadie inventa nada sino que todos reinterpretan algo que ya existía antes de ellos.

Pero lo que sí que ha cambiado es nuestra percepción del toreo. Nuestra manera de ver y valorar los toros. Imbuidos por las corrientes animalistas, tan en boga hoy,  nos llama más la atención el supuesto desprecio hacia el toro que encierra la imagen que comentamos que la evidente osadía y arrojo del diestro que se juega la vida en una suerte menor, en un mero alarde, en un simple desplante.

El toreo tiene su liturgia porque es un rito pero no confundamos pues, además de rito, el toreo es fiesta. No la fiesta de los toros, sino la fiesta del torero con el toro. O mejor aún, la fiesta del torero que domina al toro.

Hace un siglo eso lo tenían muy claro los aficionados... y lo premiaban

Sevilla. 30 de septiembre de 1915. Joselito el Gallo coloca una mascota en el testuz de Cantinero de Santa Coloma al que cortó la primera oreja que se concedía en esa plaza (Fotografía de Sol y Sombra).

sábado, 24 de junio de 2017

Pedro Romero bautiza a Desperdicios

Por Jose Morente-Bill Lyon

Caricatura de Manuel Domínguez por Alaminos

El día 1 de junio de 1857, el toro Barrabás de Concha Sierra le pega una tremenda cornada al valeroso diestro Manuel Domínguez, de resultas de la cual, este acabó perdiendo el ojo derecho.

Domínguez había regresado a España en 1852 tras una docena de años en tremebundo y surrealista periplo por las Américas.

Pero no voy a hacer aquí su historia (historia que ya hicimos en su día en este blog y que puede leerse en este post) sino precisar y puntualizar dos datos curiosos relacionados con el diestro nacido en Gelves.


El toro Barrabás de Concha Sierra

El toro causante de la desgracia, Barrabás, pertenecía a la ganadería de Concha Sierra, pero no a la ganadería que hemos llegado a conocer en nuestros días y que se encuentra en tierras francesas, estando representada por Jean Luc Couturier (ganadería que antes pasó por las manos de Juan de Dios Pareja Obregón, de Martín Berrocal, una empresa americana -King Ranch España, S.A.-, del Litri y de García Palacios) pues su antigüedad data de 1873, siendo por tanto posterior a la cogida de Domínguez, sino a otra mucho más anterior, propiedad de don Joaquín Concha Sierra, primo mayor de ese Fernando Concha y Sierra que después casó con doña Celsa Fontfrede (una de los dos "bicicle rider" que tanto asombraron a los sevillanos) además de fundar, con reses de Taviel Andrade, la ganadería que hoy conocemos. 

La otra ganadería de Concha Sierra, la antigua, la del toro Barrabás que le brincó un ojo a Manuel Domínguez, la había fundado el citado don Joaquín Concha Sierra en 1850, con ganadode un vecino de Gelves, Curro Blanco,  a la que añadirían reses de Lesaca. Tras su muerte en 1861 pasó a su sobrino, don Joaquín Pérez de la Concha, quien la llevó a su punto más alto en la segunda mitad del siglo XIX.

Barrabás de Joaquín Concha Sierra (Lámina del Doctrinal Taurómaco de Hache)
Hierro de la ganadería de don Joaquín Concha Sierra (luego Pérez de la Concha)

El mote de "Desperdicios" se lo puso Pedro Romero

Buscando, a instancias de mi amigo Bill Lyon, datos sobre la cogida de Domínguez en el Puerto de Santa María, encuentro este recorte del periódico "La América" publicado muy pocos días después de la cogida, el 24 de junio de 1857 (Dato curioso es que hoy se cumplen los 160 años justos desde esa publicación).

Copio íntegro el recorte por su interés:


El párrafo que más me ha llamado la atención (aparte del supuesto mal fario de esa plaza, algo que desconocía) es aquel donde habla del "célebre Manuel Domínguez, mas conocido con el nombre de Desperdicios".

El dato no es baladí pues, si el diestro de Gelves era ya conocido como Desperdicios antes de la cogida, resultaría evidente que no fue esa circunstancia la que habría sido causa de su mote. Dicho de otro modo, de las dos versiones que circulan sobre el origen del mote de ese torero, la primera, aquella que sostiene que el citado mote se originó por el arranque del diestro cuando, al ser cogido y notar que tenía el ojo colgando fuera de la órbita, lo arrojó lejos de sí, con valor y desprecio, diciendo que "eso eran solo desperdicios", es totalmente apócrifa y debe ser rechazada.

Por el contrario, las tesis de quienes señalan que el mote de "Desperdicios" se lo puso Pedro Romero, en la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, al alabar las dotes toreras del neófito ("Este chaval no tiene desperdicio" habría dicho el rondeño) cobra toda su fuerza y aparece como la más verosímil y creíble.

Pedro Romero, maestro de Domínguez fue quien realmente le bautizó con el mote de "Desperdicios" (Grabado del libro "Autobiografía de Pedro Romero" de Editorial LUX)


martes, 20 de junio de 2017

Cuaderno de notas (CXXIII) La única verdad del toreo


La única verdad del toreo (Cornada mortal de Iván Fandiño. Fotografía de Iroz Gaizka-AFP)


"Todo el mundo se cree con derecho a decir lo que es verdad y lo que no, pero la única verdad del toreo es que los toros matan y los toreros mueren".

Luis Miguel Dominguín

domingo, 18 de junio de 2017

Amarga cultura

El 13 de mayo de 2014, tras una dura trayectoria profesional, Iván Fandiño abría por fin la Puerta Grande de las Ventas
Salíamos de la plaza de las Ventas, de la corrida de la Cultura, cuando saltaba la noticia en todos los móviles. Un toro había matado a Iván Fandiño en una plaza francesa.

Un rato antes habíamos visto torear a uno de esos toreros que saben torear, Ginés Marín. Pasabamos, casi sin transición, de la euforia de la gran faena y de una buena tarde de toros en Madrid, a la amargura del azar de la cornada mortal.

Cuando la mente se nubla y afloran los sentimientos, te lo cuestionas todo. ¿Porqué se asumen esos riesgos que, tantas tardes, olvidamos que existen? ¿Con qué derecho matamos y morimos? ¿Cual es la ética del toreo? ¿Cual su razón de ser? 

Me niego a aceptar que la ética del toreo esté en el hecho de que el torero pueda morir en la plaza por muy heroica que pueda ser esa forma de dar la vida. Tampoco acepto que el riesgo asumido por el torero, la posibilidad de su muerte, sea lo que justifique ninguna muerte. Ni siquiera la muerte del toro.

Creo que la ética del toreo es de un calado mucho más hondo, más ancestral, más telúrico y que está más allá de lo que esta bienpensante sociedad entiende como bueno y como malo.

Al toro se le trata como su natural condición fiera y agresiva exige. El torero se entrega y arriesga tal y como el mismo se obliga por su propia y heroica condición.

Es una sencilla cuestión cultural, de esa cultura que se lleva en la masa de la sangre y no se aprende en los libros, una cultura enraizada en la naturaleza, una cultura nada urbana. Amarga cultura.


Once meses después

Hace 11 meses pasábamos también por unos duros momentos a raíz de la muerte en otra plaza de toros de Víctor Barrio. Al final de nuestra reflexión en esos momentos, pedíamos sólo una cosa: que la muerte de ese torero no fuese vana. En el toreo de nuestra época, decíamos, los toreros asumen iguales, sino mayores riesgos, que los toreros de antes. Sólo la cirugía moderna evita más desgracias. Algo que, muchos, olvidan. Pedíamos, por ello, más respeto a los toreros por parte de los de fuera y también por parte de los dentro.

Vano empeño, pues once meses después seguimos igual. Unos, los de fuera aullando su absoluta mala baba cada vez que surge una de estas desgracias. Otros, los de dentro, olvidando -tarde tras tarde- que aquí se muere de verdad.

Once meses después, y por desgracia, tenemos que seguir pidiendo lo mismo que entonces pedíamos: Más respeto a los toreros.

¿Sabrán algunos lo que la palabra "respeto" significa?

miércoles, 7 de junio de 2017

La fiesta del arte y la emoción

Por Clarito

Una gran tarde y un público de Madrid entregado al buen toreo de Talavante y Ureña y al comportamiento de los toros de Victorino

Anda el toreo, desde que el toreo es toreo, envuelto en la polémica de la primacía del arte o la emoción. Ese fue, en esencia, el tema de debate en la primera competencia que conoce la historia de esta fiesta, la de Pepe-Hillo y Pedro Romero. El toreo (arte)  del sevillano Hillo frente a la estocada (emoción) del rondeño Romero.

Pasa el tiempo y el dilema sigue abierto y eso pese a que, nuestra época, el arte (el toreo) se impone y se lleva el gato al agua pues dicen que ya no salen por los toriles, con frecuencia, esos toros que decían que venían a llevarse el dinero de la temporada. De hecho, no creo que nunca hayan salido muchos de esos ejemplares a las plazas pero lo cierto es que la búsqueda de la emoción (igual que la búsqueda del arte) es consustancial a la fiesta y necesaria.

Después de mucho lío de corrales, trajo Victorino a Madrid la corrida que quisieron los veterinarios. Una corrida desigual de hechuras y comportamientos. Una corrida variada, en la que destacaron dos ejemplares, el segundo y el tercero. Aquel un toro bravo y noble pero enclasado, lo que antes llamaban pastueño. Este un toro bravo y noble pero fiero, lo que hoy llaman encastado.

Al toro bravo y noble y pastueño, le dio Talavante el trato que merecía su condición, manejando los engaños con extrema suavidad, suavidad que el toro agradeció y a la que respondió como se esperaba en una faena muy bien concebida y mejor ejecutada. Muy bien el torero con la mano izquierda (algo a destacar cuando tantos toreros de hoy y de siempre han ignorado esa mano). Cortó una merecida oreja.

La emoción del remate ante un toro bravo.

Con el bravo, noble y fiero toro tercero, Ureña se planteó la faena de modo distinto, muy decidido, más tenso y crispado (no había otra) y vivimos por momentos el toreo, no como fue en el siglo XIX, pero sí como imaginamos que pudo ser. Una faena de enfrentamiento (enfrontilamiento), a toma y daca, donde el cite, el embroque, cobraba primacía sobre el remate (al contrario que en la faena del toro anterior). Faena de mucha emoción que, como es lógico, caló mucho en los tendidos que premiaron a Ureña con una más que merecida vuelta al ruedo.

La emoción del embroque ante un toro fiero.

Dos fiestas, dos modos distintos de concebir el toreo, propiciados por dos toreros diferentes y, sobre todo, propiciado por dos toros de diferente condición. La fiesta del arte frente a la fiesta de la emoción. Sin entrar en matices, ni en enfrentamientos estériles, dos fiestas necesarias.

Hoy gana por la mano, día a día, la fiesta del arte. Son otros tiempos, otras sensibilidades y otros públicos pero la emoción es también base de este espectáculo y latente o no, tiene que estar siempre ahí.

Abundando en esa polémica, le preguntaba hace muchos años, en Sevilla, el limeño Manuel Solari a Juan Belmonte que cual era la base de la fiesta ¿el arte o la emoción?

Belmonte, sorprendido por la pregunta, socarrón y escurridizo, le contestó:
- El sentimiento. Lo que hoy llaman clase, la expresión. Hay toreros con alma y toreros desalmados.
Ayer en las Ventas (ausente Urdiales que no tuvo suerte en el sorteo), vimos a dos toreros con sentimiento, con expresión, con alma: Alejandro Talavante y Paco Ureña. 

Bien que con dos sentimientos diferentes: El sentimiento del arte y el sentimiento de la emoción

sábado, 3 de junio de 2017

La tesis de Silvia (cine y toros)

Por Antonio Lorca

La investigadora italiana Silvia Caramella. Cine y Tauromaquia centran ahora su trabajo (Fotografía de El País(
“El cine taurino español es un patrimonio fílmico de gran calidad que comienza con el nacimiento del cine y es parte integrante de toda su historia desde 1896”.
“Se han realizado buenísimas películas, como ‘Los golfos’, de Carlos Saura, ‘El momento de la verdad’, de Francesco Rossi, ‘A las cinco de la tarde’, de Juan Antonio Bardem, o ‘Torero’, de Carlos Velo, película mejicana de un director español exiliado. Y existen películas muy dignas del cine popular, dirigido por grandes artesanos, como Rafael Gil, Pedro Lazaga o Luis Lucia, entre otros”.
“Ha habido toreros que se han revelado como grandes actores, como El Cordobés o Miguel Mateo Miguelín, protagonista de ‘El momento de la verdad’, que es para mí la película taurina por excelencia”.
“No resulta fácil definir qué es una película taurina (creo que 'Carmen’ lo es), pero podemos afirmar que la producción alcanza a 300 películas, o quizá, algunas más en todo el mundo”.
Estas reflexiones pertenecen a Silvia Caramella, italiana nacida en un pueblo cercano a Milán, diplomada en Magisterio y licenciada en Teología, especialista en cine y enamorada del toro bravo y su cultura.

Viajó hasta la universidad inglesa de Sunderland, al norte de Inglaterra, para hacer un master en productos culturales, y allí se encontró con la posibilidad de elaborar un estudio sobre ‘Matador’, la película de Pedro Almodóvar. De aquel primer ensayo nació una tesis doctoral que lleva por título ‘Génesis, evolución y revolución de las imágenes taurinas en el cine español, en la que ha trabajado durante cuatro años y medio, y le ha obligado a viajar a Portugal y México e investigar un género que carecía de bibliografía y publicaciones.

Caramella procede del cine y la televisión. Trabajó durante cinco años en Cinecittà como responsable de la ocupación de sus 22 platós, y en Sevilla en una productora de televisión. En Roma se casó con un sevillano y en su posterior estancia en la capital andaluza conoció y se enamoró de la cultura taurina.

En 2005 pisó por vez primera la plaza de la Maestranza y asistió a una novillada. “Ese bautizo fue impresionante”, afirma. “Me fascinó el toro bravo y todo lo relacionado con su entorno y su historia. Leí mucho sobre la cultura taurina, indagué en las biografías de grandes toreros, y me convertí en una defensora del toro y del ecosistema en el que vive” (...)

“Fui a Inglaterra con la intención de unir el cine y la teología”, añade, “y sobre ese tema versó la tesis del master, pero me encontré con la posibilidad de investigar el cine taurino, sobre el que solo se han publicado cuatro o cinco libros, y solo dos ellos están escritos por un experto en cine como es Carlos Colón” (...)

“En el caso español, -continua Caramella-, “el análisis de los elementos principales (la plaza, el campo bravo, la corrida, el torero, el toro, la mujer) me ha permitido concluir que se trata de una riqueza cultural, basada en un cinematografía históricamente ignorada y culturalmente menospreciada con definiciones genéricas y generalizadoras, adscritas normalmente a la tan vituperada españolada".

A su juicio, aunque el cine de toros es “rico y variado por tratarse de un género y subgénero cinematográfico trans-histórico y trans-nacional, el cine español es el que más matices encierra, muchos de los cuales obviamente necesitan investigaciones más profundas”.

Según la tesis de Silvia Caramella, “el cine producido en España tiene una gran riqueza de fuentes (novelas, teatro, zarzuelas, pasodobles y biografías -o leyendas- de toreros), visible desde el cine de los pioneros y de la época muda, y presenta una variedad de arquetipos del matador que en otras cinematografías, como la portuguesa y la mexicana, están ausentes o poco desarrolladas”.

“El matador en la historia del cine español”, prosigue, “puede ser tanto un modelo de seducción (‘¡Viva Madrid que es mi pueblo!’, de Fernando Delgado), como de castidad (el virginal ‘Currito de la Cruz’ de Luis Lucia, o el angélico-divino Manolete de ‘Brindis a Manolete’ de Florián Rey); de lucha de clases (‘El momento de la verdad’, de Francesco Rosi) o de más o menos defensa del status quo (hay toreros aristócratas o terratenientes en algunas películas, como en el caso de ‘Un caballero famoso’, de José Buchs o ‘Un caballero andaluz’, de Luis Lucia)”.

“El cine nacional propone, también, discursos políticos apologéticos del régimen de la época (‘Aprendiendo a morir’ y ‘Las cicatrices’, ambas de Pedro Lazaga), o de crítica antifranquista y anticostumbrista (los dramas ‘A las cinco de la tarde’, de Juan Antonio Bardem, ‘Los golfos’, de Carlos Saur, o la deliciosa short-comedy ‘El hambrientito de Cuenca’, de Edgar Neville)”.

Caramella hace, asimismo, hincapié en la importancia de la figura de la matadora en la etapa democrática, como una ‘constante histórica’ de la representación de la nueva España. La matadora retorna en cada década, y representa el espíritu de su tiempo: Antoñita Linares, en ‘El monosabio’, de Ray Rivas en los años setenta; el personaje de María en ‘Matador’, de Pedro Almodóvar, y Silvia, en ‘Jamón, jamón’, de Bigas Luna son la España de los ochenta y noventa (aunque sean matadoras simbólicas, porque ‘torean’ al macho ibérico en decadencia); Lydia, en ‘Hable con ella’, de Almodóvar, es la matadora del nuevo siglo; y Carmen, de ‘Blancanieves’, de Pablo Berger, encarna la melancolía y la desilusión de la crisis de la primera década del nuevo siglo.

La tesis doctoral de Silvia Caramella también se ocupa del cine antitaurino, “una producción de calidad”, en su opinión, y cita ‘Animal’, de Ángel Mora (2007) y ‘Santa Fiesta’, de Miguel Ángel Rolland (2016). Y termina con un apunte sobre el cine experimental: ‘Sobrenatural’, de Juan Figueroa, protagonizado por el matador Andrés Vázquez, es el más reciente (2017). Esta película fue premiada en el Festival de Cine Experimental de Sydney, y ofrece una curiosa e interesante analogía entre el torero y el samurai.

(Este articulo de Antonio Lorca fue publicado en el blog del diario El País, el 20 de mayo de este año)

Nota final de LRI: En La tesis de Nancy de Ramón J. Sender, una estudiante americana se hacía verdaderos líos con la peculiar fonética andaluza. Silvia Caramella por el contrario ha calado de verdad en el sprit de la tauromaquia, que entiende, ama y comprende. El periodista y buen amigo Antonio Lorca, otro amante del toreo, ha sabido también transmitirnos la tesis de Silvia, con el rigor y la precisión que le caracterizan.

viernes, 2 de junio de 2017

Antonio Mairena y el misterio de las soleares de Paca Aguilera

Por Jose Morente

La gran cantaora rondeña Paca Aguilera (Fotografía del archivo de José Blas Vega)

Que los grandes cantaores (y eso vale para cualquier profesión) no se dan cuartelillo, es una verdad como un templo. Baste como prueba este texto de Antonio Reina sobre Antonio Mairena:
"Recuerdo otra tarde en que había venido a casa para oír unos discos que había conseguido. Uno era de Paca Aguilera, que interpretaba unas soleares de Triana que a mí me impresionaron, pero le pregunté por ella y me dijo que Pastora le había dicho que era una cantaora del montón. Yo, la verdad, me quedé … . Pero aquel día, después de estar escuchando a Juanito Mojama, metí el disco de Paca Aguilera. El estaba, como siempre, abstraído, metido en sus pensamientos, sonó el primer cante por soleá y apenas le echó cuenta, pero cuando apareció el segundo:
"A una montaña me llevaras,
vamos donde tú quieras
que el cariño todo lo allana."
se le descompuso la cara, se levantó como un resorte y me preguntó que quién era. Le dije que Paca Aguilera, y su única respuesta fue: "otra vez me ha engañado Pastora". Me hizo incluso que se lo grabara aquella tarde. A Antonio en el cante no lo engañaba nadie, y siempre fue con la verdad por delante. Incluso llegaba a distinguir un hecho tan importante como que una cosa era sonar gitano, y otra muy distinta, cantar gitano".
Dejando al margen el "engaño" de Pastora, lo que está claro es que, el cante de Paca Aguilera, impresionó gratamente a Mairena. Por eso, lo mejor que podemos hacer es escucharlo y disfrutarlo también nosotros.

Una melodía por cierto impresionante como podemos comprobar en esta grabación de la gran cantaora de Ronda.

Una grabación que contiene una agradable sorpresa, pues además del cante de Paca Aguilera, se incluyen de fondo unas imágenes filmadas en la ciudad de Ronda en 1929 y, dentro de esas imágenes, aparece, tocando la guitarra, Aniya la Gitana. 

De la gitana de Ronda, Aniya, conocemos fotos y entrevistas.

De Aniya conocíamos fotos pero no películas. No conocíamos... hasta hoy.




El cante de la rondeña es magnífico, aunque no vaya sobrado de cuadratura pues, en esas grabaciones, como me explicaba Antonio Hermosín hace un par de días,  el cante va por un lado y la guitarra por otro.

Lo cierto es que, en este tema del compás, no es algo en lo que destaquen, en general, los cantaores del pasado. Pepa Sánchez Garrido en su magnífico libro "Cante y cantaores Triana", analiza magistralmente esta cuestión y señala que, en temas de compás, no podemos tomar como referencia a esos artistas de antaño "pues a la dificultad de dominar el compás por parte del cantaor se unía una técnica primitiva y rudimentaria en el acompañamiento de la guitarra junto a otras limitaciones técnicas del propio registro sonoro". 

Eso de las limitaciones del propio registro sonoro se refiere a la compleja forma de captar el sonido en los primeros aparatos de grabación (Fotografía de grabación de orquesta en estudio en 1924. El embudo es similar al que se usaba en los primeros fonógrafos y también en los aparatos con los que se grabaron los primeros cilindros de cera de cantaores flamencos)
Pepa acaba afirmando que "muchos de los cantaores profesionales primitivos no cuadraban el cante -ya fuera por incapacidad rítmica de los mismos o de sus guitarristas acompañantes". Lo que dice de los profesionales (la no cuadratura de los cantes) vale también, y se acentúa lógicamente, en el caso de los cantaores aficionados.

Cuestión distinta es la línea melódica del cante, línea que, en el caso de las soleares de Triana, presenta una gran belleza y dificultad, como han resaltado todos los que se han acercado a esos cantes, tanto por su extensión melódica como por su extremada ligazón. Y como hemos podido comprobar en la grabación de Paca Aguilera.

Eso línea melódica fue probablemente, lo que llamó la atención de Antonio Mairena y lo que le hizo reaccionar emocionado ante el cante de la rondeña pues, como me decía también Antonio Hermosín, el maestro siempre andaba a la caza de nuevas melodías.

Lo curioso es que este cante por soleares que tanto le gustaba a Mairena, se le resistía al cantarlo. Curioso porque al cantaor de los Alcores, uno de los más largos -si no el que más- de la historia, no se le resistía casi ningún cante. El testimonio es de Antonio Reina y la referencia, que me facilita Luís Soler, se encuentra en el interesante libro "El Flamenco en Ronda y su Serranía" de Gabriel Olea y María de la Paz Tenorio:
"Antonio Mairena que tantos cantes asimiló y recreó, le dijo textualmente [a Antonio Reina] sobre la soleá que cantaba Paca Aguilera: ¿Qué tendrá está soleá, que donde quiera que voy está conmigo? La repito una y mil veces pero soy incapaz de hacerla como es. ¡Ahí está el misterio del cante y su grandeza! ¡A mí que nunca se me ha resistida nada cantando!"
La soleá a la que se refería Antonio es la segunda de las tres que canta Paca Aguilera en la grabación que hemos escuchado, tal y como me confirma Manuel Martín Martín, quien añade que se suele cantar con la siguiente letra:

  “A una montaña me llevaras,
vamos dónde tú quieras
que por dinerito no lo hagas”.

Letra que, lógicamente, se modifica al cantar como hace Paca Aguilera en su cante y cuyo primer tercio sería "(A viv)ir a una montaña...", comiéndose las dos primeras sílabas pero manteniendo el sentido de la copla. Y es que otro tema interesante es el de las transformaciones que hacen los cantaores para acoplar las letras al cante sin desvirtuar los textos, algo que no siempre se consigue. 

Resumiendo todo lo dicho, nada mejor que acabar citando lo que decía Antonio Mairena, al hilo de estas soleares de Paca Aguilera:
El misterio del cante y su grandeza...!"
Antonio Mairena. Un cantaor al que se le resistían muy pocos cantes (Foto Colita) 

domingo, 28 de mayo de 2017

Viaje a las fuentes del cante de Antonio Mairena (III) Las soleares de Joaquín el de la Paula

Por Manuel Martín Martín

Joaquín el de la Paula, en un dibujo de Capuletti

"Como ya he dicho, los gitanos andaluces, y entre ellos muchos trianeros, se instalaban en Mairena, y en los pueblos próximos, atraídos por la feria mairenera, y luego se quedaban viviendo muchos de ellos en Mairena y en otros pueblos, como Alcalá, normalmente en las afueras de la población, al abrigo de los montes o en cuevas. De este modo, escapaban al control de las autoridades, cosa que sería más difícil en Triana"
MAIRENA, Antonio. " Las confesiones de Antonio Mairena" (1ª ed., Secretariado de Ediciones de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 1976. Págs. 57-58)



INTERVENCIÓN IMPROVISADA DE MANUEL MARTÍN MARTÍN
Mairena del Alcor. 13-05-2017

Cuando en 2006 publiqué ‘Alcalá de la soleá, un museo abierto’, he de confesar que tuve por confidentes a Antonio Mairena y a Hiniesta Fernández, la hija de Joaquín el de la Paula, con la que me unió una gran amistad y a la que durante más de un año estuve visitando en su casa de Lora del Río. De ellos recuperé todo el trabajo de campo (notas, entrevistas, etc.) que había hecho para biografiar a Joaquín el de la Paula y buena parte de ello se plasmó en el libro que hoy, de reeditarse, albergaría nuevos datos y nuevas sorpresas.

Del primero, Antonio, recuerdo una frase que, al hilo del anecdotario de Luis Soler que me ha precedido en el uso de la palabra, lanzo al aire: “La Venta Platilla es una encrucijada de caminos (Triana, Utrera, Alcalá) que tienen un punto de confluencia: la Feria de Mairena del Alcor”. A la que yo añadí: Y un lugar de destino, un alfa y omega llamado Antonio Mairena.

Lamentablemente, la Venta de Juan Platilla, cuando yo la conocí era una casa de meretrices, de prostitutas, una alerta de que fueron muchos los que entregaron sus vidas para conformar y preservar la identidad sonora de un pueblo. Y entre ellos, Joaquín el de la Paula, el rey de la soleá que murió en un trono de miseria y del que al tiempo presente el Ayuntamiento ya no le reconoce ni el mosaico del ‘Camino de Joaquín el de la Paula’, no sólo fuera de su emplazamiento en la actualidad, sino que después de las obras de rehabilitación del entorno, se encuentra, al parecer, desaparecido.

La rotulación del Camino de Joaquín el de la Paula con ese mosaico fue sugerida por Antonio MairenaManuel Rodríguez Granado, nuestro dilecto y querido amigo, por entonces teniente de alcalde de Alcalá de Guadaíra, y se inauguró en los previos al I Festival Joaquín el de la Paula el año 1967, siendo el costo de 448 pesetas.

En cualquier caso, apuntaba lo de la Feria de Mairena, que data de primeros del siglo XV y es, por tanto, la más antigua, donde se reunían los gitanos procedentes de esos tres enclaves flamencos, reuniones que nutrieron las vivencias que serían determinantes en las obras ulteriores de Mairena.

Pero sin apartarme del hilo conductor que me propongo, Antonio aprende los cantes de Joaquín en la Taberna Cachito, en la alcalareña calle de la Mina, a donde acompañaba al padre, que era su gran admirador, amigo y pariente, ya que, cuando en 1914, Joaquín enviudó de Caridad la Cholona, se juntó con Rosario, prima hermana de la madre de Antonio Mairena. Pero Joaquín, tan imaginativo, se buscaba la vida tanto en la pelada en los cortijos como en Mairena del Alcor, a la que visitó entre 1910 y 1930, bien como director de la comparsa que el mismo fundara o invitado a las fiestas por sus amigos Rafael Cruz, padre de Antonio, y José Monte.

Pero además, como digo, en la Feria de Mairena, donde cada año Joaquín ponía una caseta llamada El Descrédito, y de ayudantes tenía al Enriquillo, su hijo; su sobrino, Manolito el de María, además de El Sevillano y Luís Candela.

Además de feriante, Joaquín de la Paula era un carnavelero de pro. En la imagen, aparece con su murga alcalareña. Invito al lector a que intente descubrir quien entre estos simpáticos individuos es el emblemático cantaor Joaquín el de la Paula.
Tenemos que considerar, además, cómo el 23 de agosto 1924, Antonio acude como el Niño de Mairena al Concurso de Alcalá, celebrado en la Plaza del Duque, y con 14 años se alza con el primer premio, teniendo por competidores a El Sordillo de Triana, El Curilla, Eloy Curraga y Agustín Callejón, entre otros. Antonio vocalizaba entonces como Manuel Torre pero hacía los cantes de Joaquín, escuchados tantas veces en la Taberna de Cachito, en la calle de la Mina, a donde iba su padre.

Curiosa fotografía de Luís el Curilla en la época en la que hacía el servicio militar. El apodo del Curilla le viene -según nos enseña Manuel Martín- del oficio de su padre (curador de jamones) y no de ningún tipo de vocación eclesiástica (Fotografía obtenida del libro de Manuel Martín Martín "Alcalá de las soleá"
Andando el tiempo, es evidente que Antonio mostró su afecto a su maestro Joaquín en innumerables ocasiones, no sólo rescatando sus cantes y poniéndolos en valor, sino también con publicaciones como ‘En el centenario del nacimiento de Joaquín el de la Paula’, publicada en la revista Flamenco en julio 1975, un texto que fue el que leyó precisamente en el homenaje que le tributó ese año en la alcalareña Discoteca Zalima junto a su amigo y ya alcalde, Manuel Rodríguez Granado. Recuérdese, además, el papel que Antonio dio a su maestro Joaquín un año después en sus ‘Las confesiones de Antonio Mairena’, luego más tarde en los ‘Apuntes para la historia y Evolución del cante por soleá de Alcalá de Guadaíra’, artículo publicado en la revista Candil en 1982 y revisado más tarde, en 1984, en la monografía ‘Joaquín  el de la Paula. Gran artífice del cante por soleá de Alcalá’, y así hasta 2001 en que Antonio recibió los honores del XXIII Festival Joaquín el de la Paula.

Claro que lo más sustancial, lo que queda para la historia sonora del cante, es el legado de Joaquín, que se bifurca entre las letras por él elaboradas, como así difundieron tanto Vallejo como el Sevillano o el propio Antonio, y sus propios cantes, que en Antonio Mairena se centran en tres estilos y aunque se habla de un cuarto (‘Yo te tengo compará’), es muy probable que éste sea una recreación del propio Antonio.

En cualquier caso, sí quiero reseñar, por último, dos cuestiones. La primera es que fue Antonio Mairena el que le imprime solemnidad y excelencia al cante de Joaquín, como así me confesó su hija Hiniesta, que incluso me cantaba los cantes de su padre que, al compararlo con el desarrollo melódico que les imprimió Mairena, se ratificaba esa afirmación.

La segunda es que fue la propia Hiniesta la que en 1983 me despejó toda duda sobre el repertorio de Joaquín. “Su cante -decía- era la soleá, pero también cantaba las bulerías -se refería a las bulerías de escuche-, martinetes, saetas, seguiriyas,… pero bailaba mejor que cantaba”.

Finalmente, sólo dejar en el aire de Mairena del Alcor, un recuerdo: hace unos días dimos cristiana sepultura a un miembro de la Fundación Antonio Mairena, aficionado cabal y muy querido en la encrucijada de caminos de la Venta Platilla, me refiero a Antonio Torres. Vivirá siempre en nuestros corazones y para él nuestro reconocimiento.

Luis Soler y Manuel Martín Martín durante su charla, acompañados por Manuel Rodríguez Pallarés quien presentó el acto que se celebró en la Casa del Arte Antonio Mairena (Foto de Carmelo Camino).
Bibliografía recomendada

MARTÍN MARTÍN, Manuel. "Alcalá de la soleá-un museo abierto" (1ª ed., Sevilla, Ediciones Giralda, 2006)



Quien quiera adentrarse en el solvente mundo de las soleares de Alcalá (los llamados cantes de Alcalá) no tendrá más remedio que visitar ese museo abierto que es el libro de Manuel Martín Martín. "Alcalá de la Soleá. Manuel Martín estructura su obra, no por capítulos, sino en salas virtuales de ese peculiar museo singular y fantástico cuya acceso nos permitirá conocer y profundizar en el legado cantaor del municipio sevillano. 

Las influencias y las herencias, los territorios y los repertorios vinculados a los cantes alcalareños son desgranados de forma magistral por Manuel Martín quien adereza el libro con sabrosas anécdotas y precisos datos biográficos recogidos de primera mano entre los herederos de aquellos cantaores que hicieron grandes estos cantes, Una familiaridad no exenta del rigor y conocimiento que requiere un trabajo enciclopédico de este calado.

Un libro monumental, como ese Castillo de Alcalá que tanto y tan buen cante cobijó a su sombra, pero que se lee con la facilidad y amenidad con la que se leen todos los escritos de este gran escritor. Un verdadero placer, por tanto, el de este viaje -iniciático y museístico- a los cantes por soleares de Alcalá de los Panaderos que nos regala Manuel Martín Martín.


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Nota de LRI. El recorrido a las Fuentes del Cante de Antonio Mairena,del pasado sábado 13 de mayo, tuvo uno de sus momentos más culminantes en la Casa del Arte Antonio Mairena con la doble intervención de Luis Soler, quien habló de las seguiriyas del inolvidable Manuel Torre, y de Manuel Martín Martín quien nos transportó a esa cueva de Alcalá de los Panaderos donde vivió el mítico Joaquín el de la Paula.

Luis Soler y Manuel Martín, dos estudiosos del flamenco de la máxima categoría, nos regalaron un singular y sugestivo mano a mano que nos hizo vibrar y emocionarnos.

El broche de oro a sus interesantes y amenas palabras, lo pusieron otros dos flamencos de categoría, el cantaor Antonio Hermosín y el guitarrista Jose de Pura, quienes llenaron la sala con los aromas de la soleá más aromática, la de más sabor: las soleares de Alcalá de los Panaderos, de Alcalá de Guadaira, aquellas que se guardaban en la casa de Joaquín el de la Paula...